Cuando no sabes lo que escribir, ni que rumbo tomar,
se empaña el parabrisas, como si en el vicio de media noche
el negro de la oscuridad recayera sobre el centro del asfalto,
en la que nada se puede tocar, reconocer.
Como si la vida estuviese del lado de afuera,
frente a una vidriera, esperando entender,
fundar la conciencia hacia el timonel del capitán,
que dirige su embarcación, hasta la unión del potencial,
oculto en recovecos, produciendo identidad.